REALIDAD

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REALIDAD

Decía un viejo compañero que no podemos adivinar lo que nos depara el futuro pero, no obstante, sí podemos intuir lo que seremos mirando a nuestros progenitores. En estos tiempos de euforia naturalista y genetista, eso significaría que mirar hacia quienes nos transmitieron sus genes nos podría llevar a imaginar cómo podríamos haber sido en caso de haber nacido unos treinta años antes —y si hubiésemos tenido experiencias como las suyas, yo añadiría. Ayer mis progenitores me ofrecieron una de sus habituales bofetadas de realidad. Sin pretenderlo, pusieron ante mis ojos una realidad tan deformada que no podía aceptarla como próxima, y mucho menos como precedente genético (¡nada menos!). No importan los detalles; sólo me preocupa la desconexión absoluta, no sólo de valores, sino también de formas, palabras, gestos, preocupaciones, intereses. Si fuera cierto que este “yo” que escribe no es más que un cuerpo que utilizaron unos genes para sobrevivir, me pregunto si mis genes no habrán sufrido algún tipo de mutación por el camino, si no estarán desorientados ante tal desconexión. Y me planteo si merece la pena dar continuidad a esos genes, o si acaso sería mejor buscar un mero reconocimiento a mi existencia, como una realidad totalmente desligada de sus genes, esto es, sin descendencia, buscando simplemente la admiración gracias a acciones extraordinarias; es decir, buscando el reconocimiento de hechos, no de esencias. Claro que, por supuesto, soy consciente de que este tipo de ambición es una tentación delirante, una fuente de ansiedad insoportable, una caída en las aguas más turbias del narcisismo. Quizá sea mejor aceptar que la realidad es cínica, burlona, como una mente retorcida ante la cual conviene actuar despreocupadamente, con ligero desinterés, sin negarle la mirada pero con una sonrisa canalla.

realidad

1. f. Existencia real y efectiva de algo.

2. f. Verdad, lo que ocurre verdaderamente.

3. f. Lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico eilusorio.

REALIDAD

RETORCIDO

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Retorcido

Al elegir una película para la noche nos encontramos con una sinopsis especialmente interesante. La leo en voz alta y me relamo al pronunciar las palabras “mente retorcida”. Esos son los personajes que a mí me gustan, digo. Cómo te gusta hacerte el perverso, responde ella. Y me quedo pensando, con cara de ingenuo, con la duda de si seré menos retorcido de lo que creo o si ella no me conoce del todo bien. Lo cierto es que empieza la historia y me encuentro con una exprofesora sarcástica, despiadada y cruel. Se trata de uno de esos individuos depresivos que, en su batalla contra sí mismos y el mundo, son capaces de convertir a cualquier persona en un neurótico inseguro y apático. Y entonces me doy cuenta de que esos personajes que tanto valoro en la ficción, esas almas tristes y podridas por la bilis negra, en realidad son las que más detesto en mi vida cotidiana. Las detesto por dañinas y, tristemente, por conocidas. Es más, mi asco y desprecio por ese tipo de personas me ha llevado a comportarme del modo más opuesto posible, e incluso a expresarme con unas buenas maneras y una corrección que a muchos, tal vez, les resulte incómoda y afectada. Acepto las críticas, con tal de que mi forma de hablar o mis comentarios no destrocen la autoestima de nadie. La película avanza y cada vez me siento más cerca de la víctima de la mujer de “mente retorcida”. Veo la inseguridad de ese pobre hombre, sus dudas, su incapacidad para expresar lo que siente, en definitiva, su miedo al rechazo, y entonces me doy cuenta de que tal vez ella tenga razón. Ni me gustan los perversos ni yo soy una mente retorcida. Sólo un poco desconfiado, si acaso. Pero ¿acaso no hay motivos racionales para serlo?

 

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Del part. de retorcer.

  1. adj.Dicho de una persona: De intención sinuosa.
  2. adj.Dicho del lenguaje o del modo de hablar: Confuso o de difícil comprensión.
  3. m. desus.Especie de dulce hecho de diferentes frutas.
RETORCIDO

MALÉVOLO

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Malévolo

A veces siento que dentro de mí habita una especie de bicho monstruoso que sólo he logrado controlar, y con grandes esfuerzos, gracias a un conjunto de buenas maneras, conducta civilizada y una moral formada a base de reprimendas, culpa y muchas lecturas. Si hay algo en el cristianismo que no he llegado a rechazar es la interpretación antropológica negativa, reflejada en la obsesión por el pecado original. Disiento en cuanto a la interpretación dogmática, pero sí acepto la existencia de un mal radical en el ser humano. O, al menos, así es como me he visto siempre a mí mismo. Si no mantuviera un control sobre todas las fuerzas que siento dentro de mí, todo estallaría. Y esto me ha generado un dilema permanente, una tensión entre lo que creo que soy y lo que muestro. Por más que insistan en que deje de mirarme a través de los ojos de los demás, lo cierto es que son los únicos ojos que admito. Si me mirara con mis propios ojos, me aniquilaría. Digo esto porque a veces siento esa terrible necesidad de huir, de adelantarme a una posible tragedia, de desaparecer y dejar un buen recuerdo antes de que mis fuerzas interiores me arrastren y provoquen una catástrofe. Es algo difícil de explicar, e imposible de compartir. Además, ¿y si estuviera exagerando? ¿Y si en realidad fuera tan noble que no soy capaz de digerir un solo pensamiento agresivo, competitivo o visceral? Tan grandes son mis dudas que ayer, mientras donaba sangre, no paraba de preguntarme por el verdadero motivo de mi generosidad. ¿Y si esta sala de donantes, en realidad, estuviera llena de neuróticos como yo obsesionados con la culpa, el pecado original y el fuste torcido de la humanidad? ¿Y si todos estuviéramos donando en busca de una palmada en la espalda, por la simple necesidad de obtener un refuerzo que nos aleje del miedo que tenemos a nosotros mismos?

 

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Del lat. malevŏlus.

1. adj. Malintencionado, inclinado a hacer mal. U. t. c. s.

2. adj. Hecho o dicho con mala voluntad.

MALÉVOLO

Victoria

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Victoria

Me encanta cuando una obra artística me sitúa frente a mí mismo y pone al descubierto mis contradicciones. Lo más curioso es que hace dos noches, viendo una película alemana, ese enfrentamiento conmigo mismo se produjo a propósito de una mujer, una chica joven, dulce, preciosa, risueña, encantadora, que no sentía ningún miedo. Y yo, a diferencia de ella, me sentía aterrado, invadido por los peores presagios, como una especie de padre enamorado de su hija adolescente que ve amenazas por todas partes, incluso donde no las hay. El caso es que sentí ese insoportable afán de control y sobreprotección del padre enamorado, al mismo tiempo que me reprochaba a mí mismo ser tan irracional, tan desconfiado, tan controlador. ¿Acaso no ves que la chica sonríe, baila, es feliz? Los acontecimientos jugaron en contra de Victoria, pero no me sentí reforzado. En el fondo, mis contradicciones no surgieron desde un supuesto rol de padre, sino desde mi tristeza por no poseer esa espontaneidad, esa alegría, esa despreocupación por las cosas. Salir y no ver enemigos por todas partes, confiar en la gente, desinhibirse, no anticipar los posibles rechazos. Al final y cabo, ¿qué es eso que llamamos fracaso? ¿Acaso no hay mayor fracaso que vivir acorazado, encerrado en uno mismo, desconfiando de todos, como un ratón empequeñecido que no tiene nada que ofrecer? De modo que Victoria me puso frente a mí mismo; y si bien es cierto que mis miedos resultaron no ser tan irracionales, lo cierto es que me encantó verme enfrentado a mí mismo, desnudo ante un espejo cóncavo que mostraba una realidad que nunca estoy dispuesto a ver.


victoria

Del lat. victoria.

1. f. Superioridad o ventaja que se consigue del contrario, en disputa o lid.

2. f. Vencimiento o sujeción que se consigue de los vicios o pasiones.

3. interj. U. para aclamar la victoria que se ha conseguido del enemigo.

 

Victoria

ALIVIO

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Alivio

Una de las sensaciones más agradables que conozco es leer o escuchar a una persona, preferiblemente cercana, que expresa todo aquello que siento o pienso y nunca puedo compartir con nadie. Es como si de pronto encontrara compañía y cobijo en medio del desierto. ¡No estoy solo! Es tan emocionante que, cuando se produce ese chispazo de sintonía, tengo la sensación de poder enamorarme de esa persona, sea mujer u hombre, anciana o joven, alta o baja, como en una especie de derroche narcisista que, tal vez, no sea nada enfermizo, sino tan sano como respirar. Lo que más me consuela es descubrir que aquello que sentía o pensaba no es tan extraño o delirante, no es un motivo de alucinación o perplejidad, sino un pensamiento o emoción posible, incluso razonable, que no se ajusta a la normalidad pero sí a la razón. Ese chispazo, como digo, es tan infrecuente que cuando se produce me siento en un terreno desconocido, como en un oasis que sabes que no puedes conservar eternamente, porque la triste realidad es desértica, incluso estás adaptado al desierto, has logrado crear jorobas en tu delicada espalda para almacenar agua de la que bebes un día tras otro, con regularidad casi burocrática. Y ese espíritu de supervivencia es loable, es la vida misma, la aceptación resignada de la distancia insalvable entre la realidad y el deseo. Porque la realidad es terca y caprichosa, y nunca nos entrega lo que nos encantaría. Y la realidad manda. Y hay que aceptarlo estoicamente. Pero cuando llega el alivio…

alivio

1. m. Acción y efecto de aliviar o aliviarse.

2. m. Atenuación de las señales externas de duelo una vez transcurrido el tiempode luto riguroso.

 

ALIVIO

DESPEDIR

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Despedir

Creo que podemos saludarnos cuando nos veamos. Somos personas civilizadas. Esa es mi opinión, claro, aunque acepto que puedas decidir otra cosa. Si desaparecí es porque sentí que necesitaba hacerlo. No teníamos mucho en común, y eso, a veces, me llevaba a preguntarme por el sentido de nuestra amistad. Muchas veces, después de quedar contigo, llegaba a casa agobiado, incluso deprimido, pensando que te debías de aburrir soberanamente con alguien como yo. De hecho, cuando veo las fotos que cuelgas en las redes sociales me reafirmo en que no tenemos nada en común. La gente con la que te fotografías no tiene nada que ver conmigo. Y eso no tiene nada de malo: es simplemente la constatación de un hecho, de una verdad. Creo que hay cosas que se deben hablar; otras, sin embargo, lo expresan todo desde el silencio. Pensé que desaparecer sería un gesto bastante claro. No hacía falta añadir nada. Y sabía que tú sobrevivirías perfectamente sin ir al cine con alguien como yo. Tengo buenos recuerdos de nuestros años (pocos) en aquella oficina. Fue divertido y creo que nos hicimos compañía de la buena en ese nido de víboras. Fuera de allí, sin embargo, no teníamos gran cosa que compartir. O eso es lo que sentí llegado un momento.

despedir

De des- y pedir.

Conjug. c. pedir.

1. tr. Soltar, desprender, arrojar algo. Despedir el dardo, la lanza, la piedra.

2. tr. Difundir o esparcir. Despedir olor, rayos de luz.

3. tr. Apartar o arrojar de sí algo no material.

4. tr. Alejar, deponer a alguien de su cargo, prescindir de sus servicios. Despedir al criado, las tropas. U. t. c. prnl.

5. tr. Dicho de una persona: Apartar de sí a alguien que le es gravoso o molesto.

6. tr. Acompañar durante algún rato por obsequio a quien sale de una casa o unpueblo, o emprende un viaje.

7. tr. Dicho de una costa, de un cabo o de una punta: Extender hacia el mar algún arrecife u otro obstáculo.

8. prnl. Hacer o decir alguna expresión de afecto o cortesía para separarse de alguien.

9. prnl. Renunciar a la esperanza de poseer o alcanzar algo. Despídete de ese dinero.

DESPEDIR

SUEÑO

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Sueño

Si tuviera que elegir entre todos los placeres que conozco, me decantaría, sin dudarlo, por el sueño. Dicen que cuando duermo muestro una cara de relajación y felicidad que no es nada frecuente en mi vida cotidiana. La imagen que ofrezco en mi vida social suele estar marcada por la seriedad, la frialdad, la cerebralidad e incluso la tensión. Cuando estoy solo, curiosamente, me siento cerca de la estabilidad, aunque no siempre del sosiego. Me mantengo en una especie de “tregua”, disfrutando de un pacto de no agresión con el mundo. Y cuando duermo, aunque ellos dicen que aparento felicidad y relajación, tengo la sensación de vivir lleno de tensión, inseguridad, miedo e incluso angustia. Son escasos los días en los que me despierto sin dolor de mandíbula. Digo todo esto porque me sorprende encontrar tanto placer en el sueño. Cada noche me propongo ser consciente del momento en que me quedo dormido; y, si bien nunca he logrado captar ese instante que transcurre entre la vigilia y el sueño, confieso que a veces sí he conseguido mantenerme en ese estado hipnagógico en el que crees estar dormido conscientemente, o inconscientemente despierto, que para el caso es lo mismo. Es un momento agradable y sobrecogedor a partes iguales, porque sientes que desaparece el control sobre tu cuerpo, como en un estado de desconexión, pero al mismo tiempo asusta porque te sientes encerrado, no sabes si estás acá o allá, si puedes volver al estado anterior o si te vas a quedar atrapado en medio. Y digo todo esto, insisto, porque no entiendo del todo bien qué es lo que hay de fascinante en el sueño, por qué proporciona tanto placer y misterio. Y, por supuesto, me inquieta no ser capaz de darme a conocer mientras sueño. Como en la vigilia, hay emociones mías muy particulares que nadie ve, mientras que otras, por desgracia, son imposibles de ocultar. Y suena otra vez el disco Sleep de Max Richter, que tal vez no induzca al sueño, pero sí estimula otras emociones dignas de contar. Pero eso ya lo trataremos otro día.

sueño

Del lat. somnus.

1. m. Acto de dormir.

2. m. Gana de dormir. Tengo sueño.

3. m. Acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes.

4. m. Sucesos o imágenes que se representan en la fantasía de alguien mientras duerme.

5. m. Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse.

6. m. Cierto baile licencioso del siglo XVIII.

7. m. Bot. Posición que adoptan las hojas, folíolos, pétalos, etc., de una planta, en relación con las alternativas de día y noche, o con luz y calor muy intensos.

SUEÑO